Día negro y hombre en penumbras

Si enfermas de cáncer, el miedo a la muerte, el pesimismo y la tristeza te acompañarán más de lo necesario.

Para eso creé “El día negro”, entérate de que se trata en este post.

 

La situación:

Te dieron la noticia que tienes cáncer y desde ese día todo cambió para ti.

Convives día a día con el miedo, con la tristeza y con el pesimismo, y por más que te esfuerzas por estar de buen ánimo y por ser positivo, no siempre lo logras.

Le demuestras fortaleza a los demás para no preocuparlos, pero ellos no saben lo que sientes ni lo que sucede dentro de ti.

El miedo sigue ahí, es casi imposible aguantar las ganas de llorar, y al ver tanta gente morir de cáncer el pesimismo se apodera de ti.

 

Mi sugerencia:

Vive tu día negro

 

La explicación en profundidad:

El cáncer siempre ha sido una enfermedad muy cercana para mí.

He visto familiares, amigos y personas cercanas morir por culpa de esta enfermedad.

En cada uno de esos casos traté de ponerme en el lugar de la persona.

Trataba de imaginar lo fuerte que debe ser cuando el doctor te da la noticia.

Pero no fue hasta que yo viví mi propia situación, cuando realmente comprendí lo que es vivir todo este proceso.

 

Cuando te enteras que estás gravemente enfermo.

Día negro

Cuando supe que tenía un tumor, todo cambió para mí.

Se podría decir que fue una experiencia aterradora

Era el momento de decidir entre aceptar que iba a morir, o tomar acción de forma inmediata para revertir la situación lo antes posible.

Las decisiones que tomé fueron lo mejor para mi.

Pero esta vez lo más importante no fueron mis decisiones, sino los objetivos que me propuse.

Mis decisiones no tienen por qué ser iguales a la tuyas, pero los objetivos si.

Por ejemplo, superar el miedo, alejar la tristeza y eliminar el pesimismo.

Te contaré mi experiencia y compartiré contigo mis decisiones y de allí podrás sacar buenas ideas para que tomes las tuyas.

 

La pena y el miedo te derrumban.

Miedo

Sucedió que desde que supe que tenía un tumor y que las posibilidades de ser maligno eran altas, mi vida no volvió nunca más a ser la misma.

Hasta ese día me sentía un hombre fuerte y estaba seguro que era capaz de afrontar cualquier situación que se me presentara por muy difícil que esta fuese.

Pero cuando supe que tenía ese tumor y que podía morir de cáncer, me cague de miedo y de pena.

Pensé en mis proyectos y en mi familia, y no podía creer que todo podía cambiar tan drásticamente de un día para otro.

Pensaba en mis hijos, en mi pareja, en mis padres, y en mi hermano, y no me podía aguantar las ganas de llorar.

También pensaba en los dolores que cada día se iban haciendo más fuertes e insoportables.

De solo imaginarme todo el dolor que me esperaba temblaba de terror.

El hombre fuerte que yo creía ser se convirtió en un ser indefenso, temeroso, frágil y débil.

Pero gracias a Dios siempre he sido bueno para analizar todo con calma y en esta ocasión es cuando más necesitaba tranquilizarme y tomar las mejores decisiones.

Lo que tenía muy claro es que con la tristeza y el miedo que sentía no iba a lograr nada beneficioso para mí.

 

La hormona del miedo y la tristeza.

Leí algunos artículos que decían que sentir miedo y tristeza eran buenos para generar una hormona que ayudaba a combatir el cáncer.

Muy interesante pero algo dentro de mí me decía que eso era una estupidez porque si así fuese todo el mundo estaría libre de esta enfermedad.

¿Quien no siente miedo y tristeza en estas condiciones?

Sabía que ese miedo y esa tristeza que estaba sintiendo me hacían mal, eso era definitivo.

Mi día ya no era igual, veía todo nublado.

La felicidad había dejado de existir y me sentía tan mal que para mí era imposible pensar que eso pudiese ser bueno para mí.

Día negro

Tal vez con el miedo y la pena que sentí inicialmente fue suficiente para generar esa hormona de la que hablaban, pero ahora tenía que hacer algo.

Por otra parte yo no me tragaba que nuestra naturaleza es sentir miedo y pena, y que eso es algo inevitable.

Mi corazón me decía que evitar el miedo y la tristeza es posible.

No como para eliminarlos por completo, pero sí como para reducirlos al mínimo de modo que no me dañen y no sean un obstáculo en mis planes de sanación.

 

Había que hacer algo.

Yo nunca he sido de esas personas que esperan que solo orando Dios se apiade de nosotros.

Siempre le he dado mucha importancia a la oración, pero mi corazón me decía que aunque la oración es algo muy útil, eso no basta.

Yo tenía que hacer algo, no podía quedarme de brazos cruzados esperando sanar.

Tampoco estaba dispuesto a conformarme con dejar todo esto solo en manos de la medicina.

Busqué información en Internet y encontré muchísima.

Artículos, páginas de Facebook, sitios web, foros, grupos, comunidades y personas dándose su mutuo apoyo y tratando de ser optimistas.

Pero no solo veía información útil y de apoyo, también veía como despedían a los que fallecían.

“Se nos fue Carlitos, un luchador que nos dejó a todos su ejemplo y que no olvidaremos jamás”

Leer cosas así me deprimía mucho, no era capaz de soportarlo y me provocaba más daño que bien.

Al ver estas despedidas se me paraban los pelos.

Me aterraba ver que no solo fallecían personas pesimistas y sin espíritu de lucha, sino que también los luchadores.

Fallecían las personas que habían sido ejemplos para los demás.

Me dije a mi mismo:

No, este no es mi camino.

Esto no me va a dar las fuerzas que necesito para derrotar mi enfermedad.

Quería tener la muerte lo más lejos posible y estas experiencias de los demás me traían a mi mente la muerte y me la recordaban a cada rato.

No estaba dispuesto a dejar entrar en mi mente la posibilidad de morir y recordaba una frase que había leído por ahí:

“Vive de tal modo que cuando la muerte te venga a buscar, te encuentre tan vivo que no te quiera  llevar”   

Pensé y pensé, puse mi mente y mi corazón a trabajar juntos en una solución y fue así como nació “El día negro”

Día negro

 

Así comenzó todo.

Acepté que el simple hecho de saber que podía morir de cáncer era una razón más que suficiente para sentir miedo y tristeza, pero también sabía que eso no me iba a ayudar en nada.

Tome entonces la decisión de sentir miedo y tristeza solo una vez y nada más.

Sería solo un día donde daría por hecho que voy a morir muy pronto y que eso será algo inevitable.

Viviría un día de la mano con la muerte, un día para imaginar a mis hijos, a mi pareja y a mi familia solos y sin mí.

Sería un día para el pesimismo y para llorar a mares, un día donde todo lo malo sería potenciado el máximo posible.

Pero todo esto con un compromiso firme y decidido:

-SOLO SERÍA UN DÍA-

Y le llamé “El día negro”

Pero después de este día debía darle la bienvenida a la vida y a la fe.

Me comprometí a dejar mi muerte en manos de Dios.

Permitir que él decidiera cuando yo debía morir y, por lo tanto, yo no gastaría mi tiempo en pensar en esas cosas.

Mi objetivo sería solo vivir.

Decidí que hasta el último suspiro de mi vida estaría pensando en vivir y no en morir.

De esa forma sabía que si moría aferrado a la vida, no sería yo quien llamaría a la muerte.

Tendría la certeza que cuando ese día llegara, sería Dios quien lo habría decidido y no yo.

Nunca me creí eso de que hay que aceptar la muerte, que aferrarse a la vida padeciendo una enfermedad mortal es ser poco realista y que a la larga pensar así me traería más problemas.

Yo estoy convencido que hay dos formas de morir.

1.- Cuando Dios quiera que así sea

2.- Cuando yo mismo llame a la muerte con mis pensamientos, mi actitud y mis miedos.

Esto lo sé porque he visto con mis propios ojos a personas que tenían vitalidad, mucha energía, y que estaban llenos de vida, derrumbarse al saber que tienen cáncer.

 

El miedo a morir.

He visto personas morir solo 3 meses después de enterarse que tienen cáncer.

Y estoy seguro que no fue Dios quien tomo la decisión, ni tampoco creo que el cáncer se los haya llevado tan rápido.

Si estaban llenos de vida.

En esos casos creo que el miedo los mató.

También conozco personas que han sido desahuciadas.

Que no les han dado más de 1 año de vida y aún siguen luchando contra el cáncer después de 10 años.

¿Cómo puede ser que sigan vivos después de 10 años si les habían pronosticado una muerte segura a lo máximo dentro de 1 año?

Como todo ser humano puedes expresar tus miedos y aceptar la posibilidad de morir.

Pero no te quedes pegado en eso y no permitas que eso te mate.

Ese horrible día negro debe ser solo eso y nada más que eso.

Solo UN DÍA y nada más.

Después, todo debe ser vida, esfuerzo, fe, constancia, perseverancia y amor.

Si por algún motivo piensas que es imposible tener miedo solo un día y continuar después como si todo estuviese bien, estás equivocado, porque si fuese imposible yo no habría podido hacerlo y lo hice.

Con dolores tremendos y con mi cuerpo muy deteriorado lo logré.

Es solo cuestión de convicción y fuerza de voluntad.

Si piensas que no eres capaz de hacerlo, de seguro que no podrás.

Pero no porque no se pueda, sino porque tú estarás menospreciando la enorme capacidad que hay dentro de ti.

Pero si te convences a ti mismo que puedes hacerlo, tenlo por seguro que podrás.

Además LaWebDeLaQueTodosHablan fue creada para apoyarte en todo lo necesario para lograrlo.

Vive este día y no pienses nunca más que vas a morir de cáncer.

 

Mi día negro.

Creo que ya vas entendiendo que existen muchas cosas que se pueden hacer para potenciar la lucha contra el cáncer y que van más allá de lo que hace todo el mundo.

Ahora te voy a contar como fue ese día para mí y así tú puedes rescatar lo que pueda ser útil para ti.

Comencé así:

Lo primero que hice fue contarle lo que iba a hacer a mi pareja.

El día anterior le expliqué todo sobre el día negro y le pedí que me dejara vivirlo solo, sin cuestionamientos y sin opiniones de su parte.

Le pedí que si me veía llorar no me consolara, que si veía cualquier cosa que la impulsara a intervenir, que no lo hiciera.

Todo esto tenía que ser entre la muerte, mi miedo, mi tristeza, y yo.

Me fui a dormir y al otro día viviría mi día negro.

Desperté y desde ese momento empecé a pensar que moriría pronto.

Me imaginé que nada ni nadie me podría salvar y que nunca podría hacer las miles de cosas que tenía planeadas.

Día negro

El miedo.

Me repetía, voy a morir, voy a morir, una y otra vez.

Las palabras se empezaban a convertir en sentimientos y empecé a sentir miedo.

Todo mi cuerpo empezó a temblar y sentí algo que nunca antes había sentido, era una sensación de desesperación.

Era como que no sabía qué hacer, si moverme o quedarme quieto, si saltar o tal vez gritar, no sabía que quería, me sentía muy inquieto y alterado.

Sentir a la muerte muy cerca de mí me hizo aumentar mi sensación de inquietud y se fue transformando en algo mucho más grande.

Lo que sentía ya no era inquietud, ni siquiera era miedo porque lo que sentía era terror.

Ni siquiera sentía pena, lo único que sentía en esos momentos era un terror inmenso a morir.

Cuando me creía capaz de soportarlo todo no imaginaba que un día iba a sentir terror y que ese terror iba a ser mucho más fuerte que la mejor película de terror que hubiese visto.

Ese día por primera vez pude comprender a las personas que sufren crisis de pánico.

Siempre pensé que eran débiles y tontos porque sentían miedo a la muerte.

Pero en este momento el terror que yo sentía era tan grande que pude comprender lo que sienten todas esas personas.

También pude comprender que ese miedo es muy peligroso y que es tan fuerte que incluso tiene el poder de matar.

En otras ocasiones hubiese luchado por dejar de sentir esta sensación de terror, desviando mi mente hacia otras cosas, pero sabía que no debía hacer eso (por lo menos en este día), ya que esa era la finalidad de todo lo que había planeado.

No debía combatir ninguno de esos sentimientos, por muy horribles que fueran.

Y como no luché contra eso, el miedo y la desesperación seguían allí.

Comencé a sentirme mal, mi pieza empezó a achicarse, me sentía atrapado, estaba teniendo síntomas de claustrofobia.

Trate de seguir adelante pero la sensación fue tan fuerte que la desesperación ganó.

Tuve que salir de la pieza y solo ahí deje de sentirme atrapado.

Todo esto sucedió durante el transcurso de la mañana y ya era hora de almorzar, así que decidí tomarme un merecido descanso.

En ese momento deje de pensar que iba a morir, pero sabía que sería solo en ese momento porque después de almorzar comenzaría de nuevo con la intención de darle lugar a la tristeza.

 

La tristeza.

Termine de almorzar y comencé de nuevo.

El dolor que sentía era tan fuerte, que me puse a pensar que algún día no sería capaz de soportarlo y que desearía morir para no sentirlo más.

Yo soy muy cobarde para sentir dolor y solo imaginarme que iba a morir sufriendo me hacía volver a sentir terror.

Pero ahora tenía que dejarle espacio a la tristeza.

Me imaginé a la Rommy, mi pareja, la mujer que tanto amo, llorando al lado de mi ataúd.

Estaban también mis hijos y mi familia, todos muy tristes y llorando.

Día negro

Los vi al lado de mi ataúd, vi su sufrimiento y esto me partió el alma.

Como siempre he sido muy llorón, las lágrimas me brotaron inmediatamente.

Los imaginaba extrañándome, pensaba en todas las cosas que no podríamos hacer juntos.

Pensaba en que no podría ver a mis nietos, que nunca los iba a poder conocer porque cuando nacieran yo ya no iba a estar.

Sentía que no podría morir feliz, que la tristeza no me lo iba a permitir y eso me ahogaba.

Sentía esa sensación desagradable que se siente en el pecho cuando uno está angustiado.

Es como lo que sentí cuando era niño y vi a la niña que me gustaba dándose un beso con otro.

Esa misma sensación que sentí ese día en mi pecho la estaba sintiendo nuevamente, pero esta vez era mucho más fuerte.

Lloré y lloré hasta que se me acabaron las lágrimas, estaba tan triste que lloraba sin parar.

 

La enseñanza.

Me sentía tan indefenso, tan incapaz, que comprendí que esto tampoco sería bueno para mí.

Definitivamente la tristeza debía quedarse encerrada en este día y no debía ser parte de mi plan de sanación.

Este día negro fue un día muy largo y lleno de sensaciones realmente nuevas para mí.

Todas esas sensaciones fueron fuertes, difíciles de soportar y dañinas.

Este día me ayudo a comprender el miedo y la tristeza, y lo que significaba permitirles entrar en mi vida.

Comprendí lo peligroso que estos sentimientos pueden ser y la facilidad que tienen para apoderarse de una persona, sobretodo si su mente es débil.

Pero yo no estaba dispuesto a tener una mente débil.

Mi decisión fue luchar contra la enfermedad y esa lucha debía ser LA MEJOR LUCHA, con una mente fuerte y decidida.

El día negro había llegado a su fin y realmente este TENÍA que ser su fin.

Veamos lo que hice desde los 3 puntos de vista.

 

Lo terrenal.

Había hecho lo que tenía que hacer.

Inventé este día especial.

Y fui capaz de llevarlo a la práctica.

Fui fiel a todo lo que tenía planeado y viví la experiencia de saber que iba a morir.

De eso se trata lo que yo llamo terrenal, el llevar a la práctica una idea, el ponerse en acción.

 

Lo mental.

También había cumplido.

Fui negativo durante todo el día negro.

Metí en mi mente solo cosas malas y las mantuve ahí para que lograran su efecto.

Pensé en la muerte y eso me permitió sentir el miedo y la tristeza.

No dejé espacio para ningún pensamiento positivo.

Y al final del día tome la firme determinación de que este sería el último día en que le permitiría a mi mente pensar en la muerte y en cosas negativas.

Pero faltaba lo más importante.

Siempre lo terrenal y lo mental deben ir unidos a lo espiritual.

Día negro

 

Lo espiritual.

Este era el broche de oro que le faltaba a mi día negro.

Me relajé un momento, calmé mi mente y comencé a conectar con mi corazón.

Por medio de mi respiración me relajé aun más.

Empece a sentir todas esas cosas ricas que uno siente cuando sabe que esta entrando en contacto con sus sentimientos.

El día negro había llegado a su fin, pero necesitaba que Dios me guiara y fuese parte de todo esto.

Comenzaron a surgir preguntas en mi cabeza, y mágicamente también surgían las respuestas:

¿Qué fue lo más terrible de este día negro?

-Lo más terrible fue el temor a morir.

¿Por qué crees que temes morir?

-Le temo porque quiero vivir más y de solo pensar en morir ahora mismo me da mucho miedo.

¿Cuál sería la diferencia de morir ahora o después?

-Si muriera ahora mi familia sufriría mucho y yo no podría hacer muchas cosas que deseo hacer.

Además amo la vida y siento que estoy relativamente joven como para morir ahora.

Y si Dios te lo permitiera,

¿Qué darías a cambio de alargar tu vida y poder conseguir todo eso que necesitas para morir como deseas?

-Daría mi mayor esfuerzo en TODO lo que Él me pidiera.

En ese momento en vez de surgir una pregunta en mi mente, surgió una voz:

No te voy a pedir nada en especial, solo te voy a pedir que hagas eso que acabas de decir:

DA TU MAYOR ESFUERZO”.

Luego de eso se acabó el dialogo mental y entendí que el día negro había terminado con un final lleno de esperanzas y bendiciones.

Desde ese día sé que debo dar mi mayor esfuerzo para lograr todo lo que quiero en la vida.

Y también sé que todo lo que quiera lo puedo lograr.

Así termina este post y así terminó mi día negro.❤


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"El día negro, morir de cáncer y luego vivir"®
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